Enfermedades más comunes

Tumores urológicos

La universalización de la ecografía en la práctica médica y la posibilidad del uso de marcadores tumorales como el PSA han hecho que en las dos últimas décadas la incidencia de todos los tumores urológicos halla crecido. Si bien en tumores como el renal y el testicular ello se ha correspondido con un descenso de la mortalidad cáncer específica, dicha eventualidad no se ha producido en los dos tumores urológicos más frecuentes, como son el de próstata y el de vejiga.

Signos de alarma en el cáncer urológico

A continuación se relatan las diversas situaciones clínicas que se pueden dar en Atención Primaria y que deben alertar de un posible tumor urológico: 

Hallazgos incidentales en exploraciones radiológicas por otras patologías.Se puede diagnosticar el tumor renal o el vesical. El hallazgo de ectasia renal, quistes renales complicados, adenopatías retroperitoneales, metástasis pulmonares, hepáticas u óseas obligan a una exploración urológica minuciosa y a pruebas complementarias.

Hematuria

Hay que considerarla tumoral "hasta que se demuestre lo contrario", pues la presentan el 30 % de los tumores renales, el 60 % de los de vías y el 84 % de los vesicales. Tan solo existen dos situaciones en las que se puede obviar el algoritmo diagnóstico de la hematuria, que son cuando una microhematuria acompaña a una infección de orina o a un cólico renal. Por lo tanto la clínica y el sedimento se sitúan al inicio del algoritmo de estudio de una hematuria, que se sigue con ecografía reno-vesical, urografía, citología urinaria seriada y la posibilidad de dismorfia eritrocitaria.

Masas

Una masa testicular se ha de estudiar siempre con sedimento y ecografía testicular. Una masa hipogástrica requiere descartar globo vesical, tacto bimanual y ecografía. Una masa lumbo-abdominal requiere ecografía y sedimento.

Síndrome miccional

Sospecharemos de un cáncer de próstata si su instauración es rápida y paralela a dolores óseos o bien si se acompaña de un tacto rectal sospechoso. Sospecharemos de un cáncer de vejiga infiltrante. ante la presencia de infecciones de repetición con gérmenes no habituales y de un carcinoma in situ de vejiga si es de predominio irritativo y los cultivos son negativos.

Aumento del PSA

En primer lugar conviene asegurar que la cifra de PSA no esté falsamente elevada por la presencia de infección de orina (tirita reactiva +/- sedimento), o situaciones que puedan artefactuarlo (ciclismo, eyaculación < 24 h, manipulaciones urológicas recientes, etc). Es obligado realizar un tacto rectal, pues el valor predictivo positivo de ambas pruebas juntas es mucho mayor. Conviene recordar que si bien los valores de referencia clásicos (normalidad < 4 ng/ml) son útiles como valor de corte, la producción de PSA por el tejido prostático benigno (0.3 ng/ml por gramo de tejido) supone que el 25 % de pacientes diagnosticados de hipertrofia benigna de la próstata tienen un PSA > 4 ng/ml y un 5 % PSA > 10 ng/ml. Además hasta un 30 % de pacientes con cáncer de próstata tienen un PSA < 4 ng/ml. En la actualidad, la determinación del cociente entre las fórmulas moleculares del PSA (libre/total) y el encasillamiento de los rangos de normalidad del PSA a distintas décadas ahorran un número de biopsias innecesarias, aunque se debe realizar un seguimiento exhaustivo a estos pacientes.

Lesiones peneanas

No solo la presencia de las formas exofítica o ulcerada típicas del cáncer de pene han de poner en alerta al médico. La presencia de infección por el virus del papiloma humano (condilomas) en el paciente o en su pareja obliga a peniscopia tras la aplicación de solución de acético al 5 %. La detección de pápulas eritematosas o descamativas requieren biopsia por poder tratarse de carcinoma in situ de pene.

Antecedentes familiares

Hay que tenerlos muy presentes en el cáncer de próstata y en el cáncer renal y no tanto en el resto de tumores urológicos.

Riesgos laborales y sociales

Este apartado cobra gran importancia en el cáncer transicional (vejiga y vías), pues el hábito tabáquico y el contacto con anilinas (pinturas, tintes, determinadas industrias, etc) son dos factores etiológicos claramente demostrados epidemiológica y experimentalmente. En el cáncer de pene, la mala higiene, frecuente en ancianos, indigentes y disminuidos psíquicos, es junto a la presencia de fimosis, un factor predisponente. En el resto de tumores urológicos no se han descrito factores etiológicos claramente consensuados en la literatura.

Diagnostico Precoz de cada tumor Cáncer de próstata

La alta incidencia de tumores subclínicos o latentes contrasta con la elevada tasa de mortalidad por este tumor, el 2º más frecuente tras los tumores dermatológicos. Por ello, la necesidad de screening es un asunto controvertido (actualmente realizándose un programa de screening en el IVO con determinación de PSA y tacto rectal). Concordante con esta idea es la de restringir la determinación de PSA por encima de los 75 años a aquellos pacientes solo sintomáticos.

Cáncer transicional (vejiga y vías urinarias)

El estudio de la presencia de hematuria por tira reactiva +/- sedimento en grupos de riesgo se ha mostrado efectiva; no así la citología. En la actualidad existen gran número de líneas de investigación sobre factores diagnósticos moleculares determinados en orina.

Cáncer renal

El empleo sistemático de ecografía para descartar su presencia no está indicado en la población sana, y solo se ha de realizar en pacientes con antecedentes familiares, enfermedad de von Hipple Lindau, esclerosis tuberosa y en los poliquísticos (controvertido)

Cáncer de teste

El screening mediante autoexploración en este tumor no está indicado por su incidencia, sino por su facilidad, por la edad en la que aparece y las altas posibilidades de curación. Atención especial a los pacientes con antecedentes de criptorquídia por su asociación. Necesidad de estudio de esta eventualidad en la edad pediátrica.

Cáncer de pene

Pese al papel protector de la postectomía en la infancia (no absoluto), se necesitan otros cofactores etiológicos como la mala higiene, la presencia de infección por el virus del papiloma humano etc para su desarrollo, por lo que la postectomía profiláctica no se puede recomendar de forma absoluta. Cobra mucha importancia el control multidisplicinar de la infección por el virus del papiloma humano.

Utilización de la BCG en pacientes con tumor vesical superficial

¿Qué es la BCG?

BCG significa Bacilo de Calmette y Guerin y es la vacuna utilizada para la tuberculosis desde 1921. Se trata de bacilos atenuados (debilitados) de Mycobacterium Bovis (germen que produce la tuberculosis en las vacas). Desde 1929 se sabe que el bacilo tuberculoso tiene propiedades antitumorales cuando se observó que un grupo de pacientes que tenían tuberculosis desarrollaban muchos menos tumores que un grupo de individuos sin tuberculosis. El resultado antitumoral óptimo se obtiene en tumores con las siguientes características: 1- tumor pequeño; 2- es esencial que exista contacto directo entre el BCG y las células de tumor; dosis adecuada; el tumor debe estar localizado en el órgano ( no es efectivo en las metástasis). Estas características se cumplen en el tumor superficial de vejiga. El BCG fue utilizado por primera vez en el tumor de vejiga por Morales en 1976. En la actualidad tras más de 25 años de utilización, el BCG se encuentra completamente implantado como tratamiento en casos de carcinoma in situ vesical, tumores superficiales de grado III, tumores residuales después de la resección incompleta de los mismos, como prevención de la recidiva tumoral (aparición de nuevos tumores) o de la progresión (tumor mas avanzado).

¿Cómo actúa la BCG?

El modo de acción del BCG en el tumor vesical es como estimulador de la inmunidad (defensas naturales del individuo) con liberación de citocinas (IL1, IL6, IL8) y la multiplicación de células antitumorales (macrófagos, linfocitos, natural killer y lymphokine activated killer). Aunque se han investigado varias vías para administrar el BCG se considera que la instilación intravesical es la mejor.

¿Qué tumores de vejiga se deben tratar con BCG ?

Se debe utilizar BCG en los pacientes con tumores de riesgo intermedio y elevado de recidiva (aparición de nuevos tumores) o progresión (aparición de tumor más avanzado). Estos tumores son: 1- los múltiples, 2- los que invaden la submucosa de la vejiga (T1), 3- los que se reproducen muy rápidamente (2-3 veces en un año), 4- los de grado de diferenciación 3 (grado 3), 5- los mayores de 3 centímetros y 6- los que se asocian a carcinoma in situ. En este tipo de tumores, BCG ha demostrado ser superior a Tiotepa y Adriamicina y es probable que también sea superior a Mitomicina C.

No se debe utilizar BCG en tumores de riesgo bajo como son los únicos, de grado 1, que afectan solo la mucosa de la vejiga (Ta). En los tumores de bajo riesgo, el tratamiento mas aceptado es aplicar luego de la operación (RTU) una dosis única intravesical de un agente quimioterápico como es la Mitomicina C.

Forma de presentación y aplicación de la BCG

BCG se dispensa como un vial liofilizado que requiere ser reconstituido con 50 ml de suero salino antes de ser utilizado. Existen varias cepas de BCG: Connaught (81 mg) (Toronto), Tice (50 mg) (Chicago), Pasteur (París), RIVM (Holanda), Glaxo (Inglaterra), Armand-Frapier (Toronto) y Moreau (Brasil) aunque las mas utilizadas son las dos primeras. Aunque no está definida la dosis más idónea, se precisa como mínimo 106 unidades formadoras de colonias (UFC) para lograr efecto antitumoral. Todas las cepas aportan entre 100 millones y un billón de UFC. Se debe esperar al menos 15 días después de la operación para realizar el tratamiento. 

Antes de cada aplicación de BCG se debería realizar un análisis de orina para descartar la presencia de infección, ya que si existe, se debe retrasar el tratamiento con BCG hasta que se haya tratado la infección. 

Para la aplicación de BCG se colocará en la vejiga una sonda muy fina a través de la cual se aplicarán los 50 ml de suero en los que se reconstituyó. La instilación se debe realizar suavemente sin ejercer mucha presión a la jeringa. Se debería evitar la utilización excesiva de lubricantes ya que pueden disminuir la viabilidad de BCG. También se debe evitar la utilización de antibióticos el día de la instilación ya que reducen la efectividad de BCG por su efecto antimicrobiano. Otras sustancias que pueden interferir con los mecanismos de acción de BCG son la aspirina, anticoagulantes y la indometacina. Si la colocación de la sonda es dificultosa y se produce sangrado en la vejiga o en la uretra se debería posponer la instilación por el riesgo de aparición de efectos adversos.

Recomendaciones para el paciente tratados con BCG

El paciente debería mantener la solución de BCG en la vejiga durante 2 horas y luego orinar para vaciar la vejiga. Aunque no se han observado el contagio de la pareja o de familiares, se deberían tener en cuenta las siguientes recomendaciones: 

1- Se recomienda que durante las primeras 24 horas el paciente orine sentado para evitar la contaminación de otras personas que utilizen el mismo lavabo. 

2- Se debería posponer la actividad sexual durante las primeras 48 horas de la instalación. 

3- Es aconsejable la utilización de preservativos durante todo el tratamiento con BCG. 

Se debería tomar la temperatura el día de la instilación y el siguiente y se debería consultar si la temperatura alcanza los 38.5º C.

Esquema terapéutico

Aunque pese a la utilización de BCG durante mas de 25 años, no se conoce el esquema que ofrezca el mayor beneficio con la menor incidencia de efectos secundarios. El esquema mas aceptado es la instilación semanal durante 6 semanas consecutivas (a menos que se deba retrasar alguna dosis por la aparición de intolerancia o efectos secundarios). Recientemente algunos estudios han mostrado que la aplicación de tratamiento de mantenimiento reduce la aparición de recidiva tumoral. El tratamiento de mantenimiento consiste en la aplicación de tres instilaciones semanales a los 3 y a los 6 meses y luego cada 6 meses hasta los tres años. Se observó recidiva después de un seguimiento medio de 7 años en 52% de los pacientes tratados solamente con el ciclo de 6 semanas mientras que de los que recibieron mas tratamiento (mantenimiento) solo recidivaron el 25%. Sin embargo, los pacientes que recibieron el tratamiento de mantenimiento presentaron mayor número de efectos adversos. 

Contraindicaciones de BCG

No se debería utilizar BCG en los pacientes con disminución de la inmunidad como son los enfermos con SIDA, tuberculosis activa, trasplantados, síndromes mieloproliferativos, enfermedad de Hodgkin, embarazadas o en período de lactancia, tratamiento con anticoagulantes, infección urinaria, sangrado urinario activo, fiebre de mas de 38.5º C y síntomas miccionales intensos.

Efectos secundarios del tratamiento con BCG

La instilación endovesical de BCG produce mas efectos secundarios que la instilación de sustancias quimioterápicas como la Mitomicina C, Tiotepa, Adriamicina o Epirubicina. Los efectos secundarios se clasifican en locales (vesicales) o sistémicos (de todo el organismo) y además en cuanto a la severidad se consideran como leves, moderados o severos. Se considera que más del 90% de los pacientes tratados con BCG presentarán síntomas leves o moderados, mientras que se observan efectos severos entre 2 y 5% de los casos y se observan complicaciones que pueden poner en peligro la vida del paciente en menos del 1% de los casos.

Efectos locales (vesicales) de la BCG 

Se observan en cerca del 90% de los casos y consisten fundamentalmente en síntomas urinarios de tipo cistitis (micción frecuente, dolor, escozor o quemazón al orinar, orinar muy frecuentemente o presencia de sangre en la orina. Estos síntomas de cistitis no infecciosa, comienzan tras 2 a 4 horas de haber realizado la instilación. Si se realiza un cultivo de la orina no se detectan gérmenes. En la mayoría de los casos, los síntomas desaparecen dentro de las 48 horas. El tratamiento de estos síntomas se realiza con analgésicos y antiinflamatorios o anticolinérgicos. Si los síntomas se mantienen en el momento de realizar la siguiente instilación es recomendable retrasarla hasta la completa desaparición de los mismos. Los sondajes necesarios para aplicar la BCG pueden producir cistitis bacteriana (aproximadamente en 20% de los casos). Si el cultivo de orina detecta gérmenes se deben utilizar antibióticos y se debe retrasar la siguiente instilación hasta que un nuevo cultivo de orina demuestra que ya no existen gérmenes. La presencia de sangre en la orina es un signo frecuente en la cistitis no infecciosa y se debe retrasar la instilación si la sangre es abundante.

Mucho menos frecuentemente se puede observar contractura o retracción de la vejiga, obstrucción de los uréteres, pus en la orina o imposibilidad para orinar.

En los escasos pacientes en los que se presenta la contractura de la vejiga, esta aparece meses o años tras el tratamiento con BCG. Es extremadamente rara la aparición de epididimitis (inflamación del conducto que transporta los espermatozoides fuera del testículo) o granulomas de próstata (0.9%), testículos (0.4%) o riñón (0.1%).

Efectos sistémicos de la BCG

Los efectos sistémicos más frecuentes de BCG son síntomas gripales (decaimiento, malestar, cansancio, fiebre menor de 38.5º C) que desaparecen espontáneamente en las primeras 24-36 horas tras la instilación. Menos frecuentemente se pueden observar nauseas, vómitos, dolor en músculos y articulaciones y los efectos mucho menos frecuentes son reacciones alérgicas, hepatitis, neumonitis, poliartritis o coroiditis. El efecto sistémico más severo y afortunadamente muy raro es la sepsis por BCG que puede ser mortal (se han registrado 11 casos fatales en la literatura mundial)

En los casos con fiebre de mas de 39º C, si esta no se resuelve con 12 horas de tratamiento con antipiréticos se debe iniciar tratamiento con sustancias antituberculosas (Isoniazida 300 mg por día, rifampicina 600 mg por día y etambutol 1200 mg por día durante 3 a 6 meses) por el riesgo de estar en presencia de una sepsis por BCG y se debería suspender el tratamiento con BCG. La utilización de corticoides (prednisona, 40 mg por día) puede estar indicada. 

Cáncer Próstata

La próstata es una glándula del aparato reproductor masculino del tamaño de una nuez en condiciones normales y que se encuentra entre la vejiga (órgano que almacena la orina) y la uretra (tubo que lleva la orina desde la vejiga hasta el exterior. La próstata se encuentra por delante del recto (parte final del tubo digestivo). El cáncer de próstata es un tumor maligno que crece generalmente en la parte externa y posterior de la glándula. A medida que el cáncer crece se extiende hacia el interior y hacia el exterior de la próstata. Si el cáncer no ha salido de la próstata es localizado.

El médico puede sospechar que un paciente tiene un cáncer de próstata si al realizar un tacto rectal (colocar un dedo en el ano para tocar la próstata) se toca un nódulo (bulto) o la próstata está dura o irregular. Si hay sospecha de cáncer de próstata, el médico realizará una biopsia con anestesia local (pinchar la próstata) para quitar unos pequeños trozos que son examinados por el patólogo con un microscópio.

También se puede sospechar un cáncer de próstata si se encuentra elevada en la sangre una sustancia que se produce exclusivamente en la próstata y que se llama antígeno prostático específico también conocido como PSA. Sin embargo, el PSA se eleva no solamente cáncer de próstata sino que por cualquier enfermedad de la próstata, sea maligna o benigna (infecciones, hiperplasia o infarto de próstata, etc).

A partir de los 50 años de edad, todos los varones tienen que realizarse cada año un tacto rectal y una medición del PSA. Sin embargo, si en la familia de un individuo hay casos de cáncer de próstata (abuelo, padre, hermanos) el control debe comenzar a los 40 años por la posibilidad de que exista en cáncer de próstata familiar.

EL PSA es de gran importancia ya que cuando está elevado puede adelantar el diagnóstico del cáncer de próstata seis o siete años antes de que el tumor se manifieste. Cuanto antes se diagnostique el cáncer de próstata es más probable que pueda ser curado.

Cuando se ha encontrado un cáncer de próstata, el médico realizara pruebas para saber si el tumor se ha extendido fuera de la próstata. Estas pruebas son: tomografía computarizada (TAC), gammagrafía ósea, radiografía de tórax, etc.

Si no hay sospecha de que el tumor esté extendido, el paciente puede ser curado realizando un tratamiento radical que consiste en uno de los siguientes: cirugía para extirpar la próstata, las vesículas seminales y los ganglios linfáticos (prostatectomía radical) o radioterapia ya sea externa o con agujas radiactivas que se colocan en el interior de la próstata (braquiterapia).

Si el tumor se diagnostica cuando es muy pequeño y el paciente es anciano, puede ser que el paciente no necesite tratamiento, y que solo se deban realizar controles hasta que el tumor sea más grande (conducta expectante). Esta forma es muy frecuente en los países nórdicos.

Si el tumor se ha extendido a los huesos o a los ganglios linfáticos se realiza un tratamiento con medicamentos que frenan la hormona masculina (tratamiento hormonal) que puede ser con una operación que extirpa los testículos del paciente (orquiectomía) o con una inyecciones que se aplican cada uno, dos o tres meses (agonistas de LH-RH). En ocasiones se agregan unos comprimidos que también actúan compitiendo con la hormona masculina y que se llaman antiandrógenos. Este tratamiento también se puede aplicar en pacientes con tumor localizado en los que por tener edad avanzada o presentar enfermedades asociadas no se puede realizar un tratamiento radical con cirugía o radioterapia.

Cáncer de Testículo

El cáncer de testículo es un tumor poco frecuente en el que las células malignas están en el interior de uno o ambos testículos. En los testículos se fabrican los espermatozoides y las sustancias que caracterizan a los hombres (hormona masculina). Este tumor es el cáncer más frecuente entre los 15 y 35 años de edad. Los varones a los que el testículo no les bajó a la bolsa (criptorquidia) tienen mayor probabilidad de presentar un cáncer de testículo que los hombres a los que les bajó antes del nacimiento.

Es recomendable que todos los hombres se hagan una palpación periódica de los testículos con la finalidad de encontrar zonas anormales sospechosas de albergar un tumor. En este caso se debería consultar un urólogo que luego de realizar una exploración manual, solicitará una ecografía (foto del interior del testículo) para certificar el diagnóstico. Se debe realizar además una tomografía computada (scanner) para diagnosticar extensión del tumor a los ganglios retroperitoneales o a otros órganos como por ejemplo el hígado. Se medirán además los niveles en sangre de unas sustancias que se denominan marcadores séricos (beta HCG, alfafetoproteína) que si están elevados, son muy importantes para detectar tumores ocultos en otras zonas del cuerpo.

El tratamiento inicial será siempre la extirpación del testículo que tiene el tumor (orquiectomía). Si hay tumor que se extendió a los ganglios o a otros órganos, se realizará quimioterapia (medicamentos que se inyectan en una vena y que eliminan las células malignas). En algunos cánceres de testículo como es el seminoma, la radioterapia puede ser de utilidad para el tratamiento del tumor. La extirpación del tumor se realiza a través de una incisión (corte) en la ingle del mismo lado en que está el tumor. Cuando se debe realizar un tratamiento con quimioterapia muy agresiva, puede ser necesario la realización de un trasplante de médula para intentar disminuir los efectos adversos del tratamiento sobre las células de la sangre (glóbulos blancos, glóbulos rojos y plaquetas). El cáncer de testículos es uno de los tumores con mayor porcentaje de curación del organismo.

Si consideramos el tratamiento según el tipo de célula que se encuentra en el tumor, si es un seminoma, el tratamiento probablemente será extirpación del testículo y posteriormente radioterapia externa. Si por el contrario el tipo de célula es un no-seminoma, después de la extirpación del tumor probablemente se realice la extirpación de los ganglios retroperitoneales o se aplique quimioterapia. Es muy importante que los pacientes con cáncer de testículo sean controlados cada 2 a 4 meses durante el primer año para detectar precozmente la reaparición del tumor.

Cáncer de pelvis renal y uréter

La pelvis es la parte del riñón formada por los conductos por los que pasa la orina antes de llegar al uréter que es el tubo que lleva la orina desde el riñón hasta la vejiga. La pelvis renal y el uréter están recubiertos por dentro por unas células que se llaman transicionales y que se encuentran además en la vejiga y en la uretra (tubo que lleva la orina desde la vejiga hasta el exterior). Las células transicionales pueden dar origen a tumores malignos que se llaman tumores de células transicionales o cáncer urotelial. Estos tumores generalmente se manifiestan por la presencia de sangre en la orina (hematuria), Otras formas de presentarse son: dolor en la espalda, pérdida de peso o falta de apetito.

El diagnóstico se realiza a través de radiografías de los riñones después de inyectar una sustancia de contraste en la vena (urografía endovenosa), con una tomografía computarizada o con una resonancia magnética nuclear. Cuando con estas pruebas se sospecha la presencia de un tumor de pelvis renal o uréter, se confirma pasando un tubo fino a través de la vejiga y se sube hasta el riñón (ureteroscopio rígido o flexible) y que permite ver directamente la lesión y tomar biopsias que se ven con un microscópio.

El principal tratamiento para este tipo de tumores es la cirugía que consiste en la extirpación del riñón y el uréter (nefroureterectomía). Cuando el tumor es del uréter, es pequeño y se encuentra localizado cerca de la vejiga, se puede extirpar un trozo del uréter y volviendo a coser el uréter a la vejiga (ureterectomía parcial y reimplante ureteral). Otra forma de tratamiento si el tumor es pequeño es a través del propio conducto extirpándolo con una pinza y quemando el sitio donde estaba localizado. Si el tumor se ha extendido a los ganglios linfáticos o a otros órganos a través de la sangre, se puede realizar quimioterapia (inyeccción de medicamentos en una vena) para eliminar las células malignas. En algunos casos se pueden inyectar medicamentos dentro del uréter o de la pelvis renal para intentar que el tumor no se reproduzca. El tratamiento con radiaciones (radioterapia externa) estaría indicado en algunos casos.

Cáncer de pene

El cáncer de pene es un tumor poco frecuente en los paises desarrollados que se presenta en la piel o en los tejidos del pene. Los varones a los que se les quita la piel del pene durante la infancia (circuncisión o postectomía), tienen menor probabilidad de presentar cáncer de pene. Se debería consultar un urólogo si se presentan los siguientes problemas en el pene: bultos o nódulos, úlceras, cambios de color, sangrado o salida de liquido anormal. En cualquiera de estos casos el problema puede ser producido por un cáncer de pene. Si hay lesiones sospechosas, el urólogo realizará una biopsia (quitar una pequeña muestra de la zona anormal) que será estudiada con un microscopio para localizar lesiones cancerosas. El tratamiento dependerá de la extensión que tenga el tumor. Si se detecta un cáncer de pene se debe realizar una tomografía computada (scanner) con la finalidad de diagnosticar la presencia de gánglios invadidos por tumor. Actualmente existen 4 tipos de tratamientos que se pueden utilizar para tratar éste cáncer:

1- cirugía (extirpación del tumor con una operación).

2- radioterapia externa o intersticial (local) para matar las células cancerosas y reducir el tumor.

3- quimioterapia (utilización de medicamentos que se inyectan en una vena y actúan sobre las metástasis (células de tumor que se han extendido a otros órganos).

4- tratamientos biológicos (que estimulan las defensas del individuo contra el tumor. Si el tumor es muy extenso puede ser necesaria la extirpación completa del pene; si el tumor es menos extenso puede bastar con la extirpación de parte del pene (penectomía parcial). En ocasiones es necesario la extirpación de los ganglios de la ingle o incluso de la pelvis. Si el cáncer se localiza solamente en la piel del pene (estadio I) puede bastar con la extirpación de la piel (circunsición o postectomía).

Tumor de Wilms

El tumor de Wilms es una forma de cáncer de riñón que se observa generalmente en niños de menos de 7 años. La mayoría de los casos se diagnostican cuando los padres o el médico encuentran una inflamación en el vientre del niño. En algunos casos existe dolor en el vientre o sangre en la orina.

Algunas enfermedades genéticas llevan a un riesgo aumentado de tener un tumor de Wilms, sin embargo, la mayoría de los niños que lo tienen son normales. Cuando se sospecha la presencia de tumor de Wilms, se debe determinar la extensión de la enfermedad. La enfermedad se puede extender a los pulmones.

El tratamiento consiste en la combinación de cirugía, radioterapia y quimioterapia con lo que se produce la curación en un gran número de casos.

Cáncer de vejiga

La vejiga es un órgano hueco que se encuentra en la parte baja del vientre y cuya función es almacenar la orina. Como su pared está formada por músculo, la vejiga aumenta de tamaño cuando tiene orina en su interior o disminuye cuando la orina sale de ella. La vejiga, al igual que todo el aparato urinario está recubierta por dentro por una capa de células llamadas células transicionales. La pared de la vejiga está formada por tres capas que se llaman mucosa, submucosa y muscular. El cáncer de vejiga en el 90% de los casos se trata de un cáncer de células transicionales. Si el cáncer se localiza solamente en la mucosa y submucosa se dice que es superficial; sí por el contrario llega hasta el músculo se dice que es infiltrante. Esta división servirá para saber cuál es el tratamiento mas apropiado en un paciente.

El cáncer de vejiga es el cuarto en frecuencia en el varón y el noveno en la mujer. Los varones tienen tres veces más posibilidades de tener cáncer en la vejiga comparado con las mujeres. Los fumadores tienen el doble de riesgo de tener cáncer vesical. Las formas más comunes de manifestarse un cáncer de vejiga son: sangre en la orina (hematuria), dolor al orinar o orinar muy seguido. Sin embargo otras enfermedades de la vejiga o de la próstata se pueden manifestar de la misma forma (infecciones, piedras, tumores benignos, etc).

Si usted presenta alguno de estos síntomas debería consultar urgentemente a su médico pues podría tener un cáncer de vejiga. Para diagnosticar la causa de los problemas el médico le realizará un análisis de orina y una ecografía de los riñones, vejiga y próstata. El cáncer de vejiga generalmente aparece como un bulto en el interior de la vejiga. Para confirmar el diagnóstico el médico le introducirá por la uretra (tubo que lleva la orina desde la vejiga hasta el exterior) un aparato con una luz interior con el que mirará el interior de la vejiga. Esta prueba que se realiza con anestesia local, raquídea o general se llama cistoscopia. Si se realiza con anestesia raquídea o general el médico realizará una resección transuretral con lo que quitará la lesión y la enviará a estudiar por un patólogo quien indicará el tipo de cáncer y hasta donde llega en el espesor de la vejiga (estadio).

El patólogo informará también sobre el grado del cáncer que consiste en saber sí las células del cáncer son semejantes a las normales (grado bajo) o muy diferentes (grado elevado). El grado es importante pues un cáncer de grado elevado, puede crecer mucho más rápido que un cáncer de grado bajo.Para saber sí el cáncer se ha extendido a otras partes del cuerpo, el médico realizará otras pruebas como son la tomografía computarizada (TAC), gammagrafía ósea, resonancia magnética nuclear, radiografía de tórax, urografía intravenosa. El tratamiento del cáncer de vejiga dependerá de hasta donde se haya extendido en la pared de la vejiga y en el resto del cuerpo. Si el cáncer es superficial (solo se encuentra en la mucosa o submucosa) el tratamiento consistirá solamente en la extirpación del tumor (resección transuretral).

Posteriormente el médico valorará sí es necesario la aplicación de unas sustancias en el interior de la vejiga (quimioterapia endovesical) para evitar que el tumor se vuelva a reproducir. Si el cáncer es infiltrante (llega hasta el músculo) el tratamiento más recomendado si el paciente se encuentra en buenas condiciones físicas es la extirpación total de la vejiga, próstata y ganglios linfáticos en los varones y del útero, ovarios y parte de la vagina en la mujer (cistectomía radical).En los pacientes ancianos o con enfermedades importantes esta operación puede tener mucho riesgo por lo que se pueden realizar otros tratamientos como la radioterapia radical o la quimioterapia (aplicación de medicamentos en la vena que ayudan a detener el cáncer). Si el cáncer afecta solamente la capa de músculo más interior se puede intentar conservar la vejiga realizando una cistectomía parcial (extirpación de un trozo de la vejiga) y asociando quimioterapia o radioterapia. Si la vejiga es extirpada, el paciente necesita una nueva forma de almacenar o pasar la orina.

En algunos pacientes se puede intentar realizar una nueva vejiga con un trozo de intestino de 60 centímetros de forma que se pueda orinar nuevamente por la uretra (sustitución vesical ortotópica). Otras formas de solucionar el problema es o la colocación de un trozo corto de intestino en un orificio en la piel al costado del ombligo y pegando una bolsa que para recoger la orina (conducto ileal) o coser los ureteres al colon sigmoides (intestino grueso) de forma que la orina salga al exterior mezclada con la materia fecal.